martes, 19 de mayo de 2026

Jueves 2 AM


El Cholo y Moretón seguían al trote sin mi hasta la avenida.
Siempre era igual; una vez del otro lado ya casi que habías zafado.

Con la excusa de que me estaba meando había parado en el paredón de la embotelladora de soda.
“Meate encima pelotudo, parecés una mina” me dijo el Cholo.
A él le tocaba siempre el papel de sacado. Cuando a mi no me aflojaban toda la guita de una aparecía y empezaba a los gritos hablándole a Moretón:
“Así que no tiene mas guita? Hacelo cagar entonces que ya me cansó! Dale volale la cabeza al forro este y vamos!”
A veces reforzaba sus palabras con algún culatazo.

Y Moretón se acercaba sin pronunciar palabra, mandando a la recámara el cartucho de la nueve mientras masticaba el capuchón de una birome hasta dejarlo blandito como un chicle.
Era un misterio de dónde sacaba los capuchones, porque jamás le vimos una birome en la mano; incluso con el Cholo dudábamos de que supiera escribir.
Quizás todos los capuchones que se pierden en el mundo fueran a parar a los brutales dientes de Moretón.

Cuando al cliente se le mojaban los ojitos y los calzones del cagazo, ahí yo intercedía con el verdugo para después con tono amable decir algo asi como “Che, dale hacé memoria… fijate, seguro que se te olvidó algo. Dale que mucho tiempo mas no lo voy a poder calmar a mi amigo…”
Si había algo mas, siempre aparecía.

“D-dale, nene, d-después meas y hasta t-t-te la chupo si querés” me dijo Moretón. Por suerte no necesitaba hablar para laburar.

Las ganas de mear eran una excusa.
A la vuelta de la embotelladora vivía Sandra.
El miércoles había sido el cumpleaños y me pidió que no le fallara.
Si hasta le había comprado una cadenita.
Pasaba un ratito nomás, la saludaba y seguía viaje.
Los pibes sabían, no eran ningunos giles.
Los veía alejarse pero ya no escuchaba sus pies.

Ella me había pedido mil veces que me dejara de joder y que me consiguiera un laburo.
“Sos inteligente, nene; terminá la escuela y dejá de juntarte con esos dos que te están cagando la vida”.
Yo nunca me la creí a esa; yo inteligente? Solo soy un poco distinto, nada mas.
Y ya pasé el limite. Es un viaje de ida.
Nunca me voy a sacar de la cabeza los ojos abiertos para siempre del aquel remisero en Sarandí.
“No puedo, Sandrita, hay un montón de cosas que no sabés…”

Era linda la pendeja; dieciocho años había cumplido el miércoles.
Dieciocho años y andaba metida con un boludón como yo, mas cerca de los treinta que de los veinte y contrariamente a lo que ella decía, con la vida cagada de hace rato. Los viejos me odiaban.
Pobre Sandra, no solo tenía el mejor culo del barrio, encima era buena gente. Había empezado el CBC, era inteligente, linda… ni se porqué me daba bola, la verdad; siempre pensé que había alguien arriba que me mandaba buena onda a veces.

Como aquella vez en Sarandí; todavía no se como zafé.
Flor de cagada nos mandamos con Pablo, y él si que no la pudo contar.
Ni llegar a lo de Galíndez pude; iba a las chapas por Mitre con el pobre casi arriba de la palanca de cambios. Nunca me voy a sacar de la cabeza el olor de la sangre en el tapizado del Renault 19.

El fierro me pesaba en el bolsillo del pantalón y me complicaba la operación de sacudir, guardar y cerrarme la bragueta.
En eso estaba cuando sentí el estruendo a mis espaldas.
Y en seguida esa sensación que no me era desconocida.
Es raro, pero el plomo no duele. Arde, pica, pero de primera no duele.
La diferencia con la otra vez es que ahora no podía moverme.
Bajé la vista; ahí estaban las gotas de sangre tiñendo mi meada.
El golpe de mis rodillas contra la vereda lo sentí retumbar en el cerebro, tenía las gambas anestesiadas.
Cuando le llegó el turno a la cabeza, me pareció que era como un bloque de gomaespuma rebotando contra el cemento.
A lo lejos escuchaba voces borrosas, tal vez algún grito.

Sentí la cara mojada; quizás el meo, quizás la sangre.
No me dolía nada, pero si sentía cada vez mas frío.
Cada vez mas frío, cada vez mas tristeza.
Por Pablo, por el remisero, por mi.
Por Sandra, no. Yo le iba a terminar cagando la vida.

Creo que vi un zapato negro cerca de mi cara.
Creo que ese zapato giró mi cabeza hacia un costado.
Si me acuerdo haber visto la cara del cana que me tiró.
Y me acuerdo de haberme cagado de la risa en silencio de que el muy boludo me hablaba y yo ya no escuchaba nada. O casi nada, solo a mi corazón, latiendo cada vez mas despacio.

Y al final ya no escuché nada mas.
Y al final ya no vi nada mas, con mis ojos abiertos para siempre.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Licantropía


El la observa plácida y durmiente a su lado.
Una señal natural, la luna desnudándose quizás; le indica que la hora de la transformación ha llegado.
Su espalda se arquea en un rictus de dolor. Pronto sus manos se transforman en mortales garras.
Ella duerme inocente y gatuna a su lado.
Su desnudez evoca su sed predadora una vez mas.
Aprieta la garra cual si de un puño humano se tratara; hasta hacer brotar su sangre maldita que se desliza por el brazo-pata manchando la sábana blanca.
Entonces abre la ventana y salta al vacío. Pisos abajo se yergue ileso.
Pocas cosas puden matarlo esta noche.
Ni balas de plata, ni remordimiento.
Pocas cosas pueden detenerlo esta noche de muerte sin culpas.

Y así se sucede afuera el devenir de presa y depredador.
Sus fuertes garras, sus filosos colmillos simplemente funcionan para el fin que fueron concebidos.
Finalizado el grosero festín, emprende su regreso, ebrio de muerte.
Escala el concreto y torpe pero silencioso se desliza hacia el interior por el hueco de la ventana.
Ella, sigue durmiendo su gatuna desnudez.
El, en proceso inverso se abandona sobre la cama.
Retoma su forma.
La sangre se seca sobre la piel que le lame la brisa nocturna.
El, sabe que probablemente una noche su sed lo traicione.
Una ciega noche de ventanas encerrojadas.
Entonces relaja sus músculos, saborea el dolor y deja que sus ojos se cierren sobre la espalda de su compañera.

Ella registra el instante en el que el sueño lo hace presa.
Un cambio sutil en el ritmo de su respiración.
Ella, sabe que probablemente una noche su sed la traicione.
Pero hasta entonces mantendrá la costumbre de dejarle la ventana abierta.

sábado, 24 de noviembre de 2018

Madame De Large


La vi llegar lentamente, rígidamente, en su cúbica plataforma blanca.
Te estaba esperando, me susurró melosa.

La contemplé inmóvil con mi ojo, con mi vaso de leche en la mano.
Y la furia de su cabeza incendiaria por fin calentó mi sangre fría.

Bebí el vaso blanco de un sorbo.
A lo lejos la música comezó a sonar.

I’m singing in the rain, just singing in the rain.
What a glorious feelin’ I’m happy again…


Show time.

lunes, 14 de enero de 2008

Pin Up


Pin Up.
Seguramente habrás escuchado este término en mas de una oportunidad.
La traducción mas literal sería “colgar con alfileres”, y probablemente sea la mas acertada.

El Pin Up como tal, tuvo su nacimiento en Estados Unidos en la década del 40.
En aquel entonces (como hoy en día en sus versiones modernas) este nombre definía a dibujos o fotografías de chicas bonitas y sensuales cargadas de erotismo y hasta cierto grado de ingenuidad.
Es por eso que en los Pin Ups no vamos a ver mujeres desnudas, sino chicas con mas ropa de la que probablemente quisiéramos; pero capaces de encandilarnos con una pose y una mirada sugerente.

Portador de un sello de época muy particular, este estilo tuvo su apogeo en la 2da. guerra mundial, en donde el gobierno de los Estados Unidos repartió láminas de Pin Ups a los soldados, para mantener arriba el espíritu de la tropa.
De esta forma, se convirtieron en un ícono de este estilo, Betty Page y la mismísima Marilyn.
Seguramente este sea el mayor mérito de estas reproducciones.
El poder de incentivo, obviamente; sobre el hombre.

Quizás muchos soldados le deban la vida a estas chicas impresas, que como una promesa de piel femenina les decían a oído “ni se te ocurra morirte que te estoy esperando”.
A pesar de haber de alguna forma “patentado” la idea, seguro que no es ningún invento yanqui esto del eros venciendo al tánatos.
Para decirlo mal y pronto, esto es mas viejo que el ombligo.

Solo citar miles de soldados suicidas de medio oriente que se imolan bajo la promesa de un paraíso en forma de harem propio, o los guerreros espartanos que acudían a su cita con la segura muerte (que no por nada también es femenina) despedidos por sus mujeres que les pedían que volvieran con su escudo o “sobre” él.
Y mas aún, no sólo esta táctica es vieja, sino que no es exclusiva de los humanos...

Todo este cúmulo de pavadas me vino a la cabeza hoy, nena; cuando en el momento mas jodido de este puto día, con un quilombo negro que después te contaré; en mi celular apareció tu mensaje.
Los sabía dibujados y fotografiados, pero nunca pensé que un Pin Up se pudiera escribir.

Todos los hombres podemos ser rescatados de nuestras debilidades, de nuestros propios escombros; cuando en el medio de ellos aparece luminosa una promesa, un rastro de mujer.

(*) Imagen originalmente publicada en “Visiones” (Requiescat in pace)

lunes, 7 de enero de 2008

Jaque


El reloj que dice tres. Y nuestro tiempo que se escurre como un pez.
Levanto la vista y te encuentro, al otro lado de este tablero de ajedrez japonés
comiendo mis peones hechos de miga de pan francés.
Por debajo de la mesa buscando los tuyos estiro mis pies, increpo tus ojos y les pregunto si tal vez... si todo esto no estuviese al revés...
Me interrumpo yo mismo al darme cuenta, de que es mi turno de mover otra vez.